jueves, 10 de abril de 2014

Xunqueira de Espadañedo: Monasterio de Santa María




Con una larga historia de amor y sufrimiento en sus viejos pilares y situado, también, en las proximidades de Castro Caldelas y de esa carretera general que une Orense capital con Ponferrada, quizás sea necesario, para almacenar detalles en la retina, sugerir una interesante ruta mágico-cultural que, comenzando en las proximidades de Allariz y extendiéndose a lo largo de una cincuentena de kilómetros, aproximadamente, desemboca aquí, en Xunqueira de Espadañedo y su longevo monasterio dedicado a la figura primordial –como ocurrió con la mayoría de las catedrales- de Santa María: como es arriba, así es abajo.

Para guardar las apariencias y constatar los estilos arquitectónicos que sugieren ciertos paralelismos interesantes, además de otros misterios en los que andan envueltos, y a la vez revueltos, canónigos regulares de San Agustín y templarios, tal vez sea conveniente detenerse en la interesante población de Santa Mariña de Augas Santas, observar detenidamente la planta de su iglesia, y de paso, visitar, en las afueras, el denominado Forno da Santa, donde todavía se levantan los cimientos de la inacabada iglesia de la Asunción. Pasado Allariz, el segundo punto de destino en el que volveremos a comprobar la similitud de la arquitectura sacra, se encontraría a unos seis kilómetros, en Xunqueira deAmbía y su magnífica Colegiata, dedicada también a la figura de Santa María, que no sólo muestra interesantes detalles en su exterior, sino que así mismo alberga, en su interior, además de su claustro, numerosas piezas artísticas de indudable valor, interés y simbolismo. A corta distancia, y apenas entrevista entre las casas del pueblo, Santa Eufemia, también de Ambía, oculta un pequeño tesoro prerrománico en su iglesia, en cuyo interior se conserva, como parte de apoyo al altar, un fragmento pétreo con una inscripción romana por la que se deduce que anteriormente allí pudo existir un Ninfeo, muy similar al que todavía se conserva, en parte, en la población de Santa Eulalia de Bóveda –observemos la popularidad de esta santa, notable tanto en Galicia como en Asturias-, en la provincia de Lugo. Del pueblo siguiente, Bouzas, situado a dos kilómetros de distancia, parte una carretera rural en buen estado que pasa por un lugar que en tiempos antediluvianos pudo ser especial, a juzgar por la roca que contiene un interesante petroglifo compuesto de círculos concéntricos, sobre el que posteriormente se levantó un crucero de piedra, que muestra, en la base, una interesante alusión al Santo Grial, en el ángel que sostiene la copa para recoger la sangre que brota de las heridas de Cristo. La siguiente población de interés, sería Baños de Molgas, que todavía conserva las termas y otros recuerdos de la época de la conquista romana. Y algunos más kilómetros más adelante, Maceda, con su castillo que, como en el caso del castillo de Castro Caldelas (x3), muestra numerosas marcas de cantero en sus sillares.

Creado, pues, en parte el entorno y plantados frente al enigma de piedra que es, después de todo este monasterio de Santa María de Xunqueira de Espadañedo, oportuno es recordar que sus orígenes, como los orígenes de la mayoría de monasterios de la zona, son realmente inciertos, aunque forma parte de los cuatro que, dentro de estos términos, tuvo la Orden del Císter. Ahora bien, si sus orígenes resultan inciertos, sus inicios –o al menos, los inicios conocidos- no dejan de ser interesantes, pues se supone, a juzgar por cierto documento de donación fechado el 9 de mayo de 1150, que los primeros canónigos regulares de San Agustín que se establecieron allí, procedían de Santa María de Sar (1); y también, que éstos primeros canónigos que levantaron el monasterio de Espadañedo, tuvieron, así mismo, parte y responsabilidad en la fundación del monasterio de Xunqueira de Ambía, catorce años más tarde, en 1164. Pocos años después, en 1170, fueron monjes cistercienses procedentes del cercano monasterio de Santa María deMontederramo, los que ocuparon y procedieron a una nueva reforma, mientras lo canónigos regulares se instalaban en Xunqueira de Ambía y, previsiblemente, también en Santa Mariña de Augas Santas. A este respecto, y como dato interesante, se puede añadir, que los cistercienses procedentes de Montederramo, gozaron de ciertos privilegios concedidos, precisamente, por un rey, Fernando II, que también tuvo un estrecho contacto con los que se podrían considerar como el brazo armado del Císter: la Orden del Temple. Dichos privilegios –entre ellos, donaciones y exenciones-, fueron ratificados, así mismo, cincuenta y siete años después, en 1227, por el rey Alfonso IX, si bien, hay constancia, así mismo, de que algunos años antes, en 1198, el Papa tuvo que intervenir atendiendo a una denuncia interpuesta por el Obispo de Orense, que se quejaba por los abusos cometidos contra los colonos y los vasallos dependientes del cenobio. La posterior historia del monasterio, apenas difiere de la historia de cualquier otro de los numerosos monasterios existentes en la zona: desarrollo, auge, decadencia y golpe mortal con la Desamortización de Mendizábal, aunque también es cierto que, como en el caso de Montederramo, parte de sus dependencias –el refectorio, por ejemplo-, fueron destinadas durante algún tiempo a escuela pública.
En la actualidad, aunque sigue funcionando la iglesia como parroquia, su estado es bastante lamentable, y un solo vistazo, resulta más que suficiente para percatarse de las sucesivas transformaciones realizadas a lo largo de diferentes periodos históricos. Una de las más evidentes, sin duda, es la especie de templete o altar levantando en el ábside principal, que lejos de suponer un desafío simbólico o un poema a la armonía, como los que se pueden apreciar, por ejemplo, en la iglesia de Santa María del Campo, en La Coruña, o aquél otro -atribuido por algunas fuentes a los caballeros templarios- que se localiza en el cementerio anexo a la iglesia de Santa María a Nova, en Noya, destroza el conjunto, distorsionando su primitiva ecuanimidad. Es, precisamente en esta zona, donde se localizan algunas marcas de cantero. Pero sin duda, la que llama más la atención, por su mediática idiosincrasia, es una que, solitaria y con forma de esvástica, se localiza en el claustro. Aunque lejos del que pudo haber tenido cuando se fundó el monasterio, constituye éste, sin embargo, un conjunto armónico que, después de todo, no deja de producir, en el ánimo del visitante, una visión romántica de venerable ruina, a través de cuyos arcos se vislumbra un paisaje evocador.
Por último, añadir, que aparte de los retablos, en mejor o peor estado de conservación, como varios bustos-relicario -uno de ellos, representando a San Marcos-, todavía queda en la iglesia una magnífica pila bautismal, con forma de copa y parte del artesano original, que conserva en buen estado de conservación las pinturas originales, que aparte de representar en sus canes rostros, algunos irónicos, de frailes, muestra, así mismo, curiosos entrelazados y motivos geométricos, algunos de ellos muy similares a los que se pueden encontrar en iglesias románicas de otras provincias, siendo una de ellas, por poner un ejemplo, la iglesia de Nª Sª de la Asunción, en la provincia soriana de Castillejo de Robledo.

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(1) Interesantes las reflexiones de Juan García Atienza acerca de Santa María de Sar y los 'misteriosos' canónigos, quien, en la página 370 de su libro 'El Camino de Santiago: la Ruta Sagrada', Ediciones Robinbook, S.L., Barcelona, 2002, dice lo siguiente y reproduzco textualmente: '...el ya arzobispo Gelmírez mandó rematarla y, tal como había sido el deseo expreso de su subordinado (se refiere a Munio Alfonso, uno de los autores de la Crónica Compostelana) la destinó a monasterio de canónigos, que en número invariable de nueve, al mando de uno de ellos, que hacía las veces de prior, ocuparon el lugar con todos los honores durante cuatro siglos, honrados por pontífices y monarcas y gozando de bulas y privilegios que les convirtieron en poseedores de una de las mayores fortunas del reino gallego y aun de Castilla entera. Pero, ¿quiénes eran y de dónde procedían estos canónigos regulares que tanta influencia tuvieron en la historia peninsular de la Edad Media?'.