miércoles, 10 de julio de 2013

El románico de Villaviciosa


Asturias, cuna de la Reconquista. Un mundo aparte, que destaca por ser la única depositaria en la Península, de un estilo propio que, considerado como prerrománico, merecería más, por sus características autóctonas, el calificativo de Arte Asturiano, con el que ha sido bautizado -muy justamente, en mi opinión- por numerosos autores. Asturias, el mundo de los monasterios perdidos, descripción que bien podría definir la desaparición de ese inconmensurable patrimonio histórico y cultural que, habiéndola definido y caracterizado en tiempos, en la actualidad se encuentra irremisiblemente perdido; apenas referenciado en las escasas Crónicas o Tumbos que se han conservado, y sobre todo, fragmentado y reaprovechado en las casas, cercas y lagares de los pueblecitos que, cual luciérnagas, pueblan una tierra que se caracteriza, principalmente, por las montañas que la aíslan y guardan desde tiempo inmemorial.
Para hacernos una idea aproximada de lo que fue Asturias en esos tiempos históricos, podemos tomar en consideración el dato ofrecido por Félix de Aramburu y Zuloaga (1) -obtenido, a su vez, de la Crónica de San Benito, del Padre Yepes- en el que se supone que hubo cerca de noventa monasterios repartidos a todo lo largo y ancho de la geografía astur. Cerca, pues, de un centenar de monasterios, de los que tan sólo sobreviven -y en algunos casos, perdida su primigenia identidad- apenas media docena.
Tan dramática pérdida, resulta también aplicable, no sólo a una apreciable cantidad de monumentos de ese prerrománico o arte asturiano al que se hacía referencia al principio de la presente entrada, sino también, al posterior arte románico que fue introduciéndose, principalmente, a finales del siglo XI y principios del siglo XII, de cuyos exponentes, Villaviciosa todavía conserva una importante muestra que, en mayor o en menor medida, sugieren unos interesantes ejemplos de esa riqueza histórico-cultural asturiana, que merece la pena seguir y conocer.
Les propongo, pues, una nueva ruta: la ruta del prerrománico y del románico de Villaviciosa, en sus principales componentes.

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(1) Félix de Aramburu y Zuloaga: 'Monografía de Asturias', Biblioteca Histórica Asturiana, Silverio Cañada Editor, 1ª edición, agosto de 1989, Capítulo III, página 141.

domingo, 7 de julio de 2013

Astúlez: iglesia de San Millán


'La arquitectura, que en definitiva es una operación compleja que transforma lo grosero en elaborado, lo estéril en útil, espacio libre en recinto, siempre ha tenido su propia liturgia desde los tiempos más remotos...'.
[Juan Ignacio Cuesta Millán (1)]
 
La ruta propuesta por algunos de los lugares más interesantes de la provincia de Álava, en cuanto a patrimonio histórico-cultural y arte románico en particular, finaliza, momentáneamente, aquí, en Astúlez y su curiosa iglesia dedicada a la figura de San Millán. Dependiente del ayuntamiento de Valdegobía, Astúlez linda al este con la provincia de Burgos y lugares tan relevantes como Pancorbo -en cuyo desfiladero, todavía se conserva la pequeña torre con la campana que avisaba y guiaba a los peregrinos en los días de niebla- y el Valle de Losa, que tantos secretos históricos alberga, entre ellos, la enigmática iglesia de San Pantaleón. Esta situación de vecindad, hace que quizás algunas de las características referidas al románico de ambas provincias, sean tan similares como para inducir a pensar en la existencia de uno o de varios talleres de cantería que ejercieron en ambas su ámbito principal de actuación.
Aunque muy modificada, la iglesia de San Millán presenta la típica planta rectangular con ábside semicircular y capillas laterales añadidas, que la confieren el aspecto de cruz latina. Considerado como uno de los templos más antiguos de la provincia, se levanta en lo alto de un promontorio, elevado por encima del pueblo, quedando a la derecha el cuerpo principal de sus casas, en alguna de cuyas portadas, aún luce un viejo escudo nobiliario que se seduce por los secretos históricos contenidos en sus variados símbolos. Su portada, sencilla, apenas dispone de elementos decorativos que permitan especular acerca de su simbolismo añadido; aunque, como en la gran mayoría de templos de similares características y con particular abundancia en la provincia, no faltan los motivos foliáceos. Aparte de éstos, hay dos motivos relevantes, situados en sendos capiteles: uno del ventanal situado en el lado sur y el otro, de visión más común en los pueblos burgaleses aledaños, situado en el ábside. El primero representa, teóricamente, una cabeza humana, quizás una máscara, de rostro impertérrito y mirada infinita. El segundo, independientemente de su añeja tosquedad, llama poderosamente la atención, pues representando una barquita de pescadores -recordemos, llegados a este punto, las palabras de Jesucristo dedicadas a sus discípulos, con el añadido futuro de pescadores de hombres- el cantero puso todo su afán en no olvidar ni un sólo detalle. De tal manera, que con los dos pescadores, se aprecian sendos remos, las redes de pesca -que ocupan uno de los lados del capitel- e incluso los peces, bien perfilados y en número de tres, por debajo de la barca. Como motivos añadidos, comentar la existencia de sendas cruces, de tipo monxoi y brazos patados, una de ellas, profundamente grabada en uno de los sillares cercanos al pórtico de entrada. Ambas, están pintadas de negro.

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(1) Juan Ignacio Cuesta Millán: 'La boca del infierno: claves ocultas de El Escorial', Santillana Ediciones Generales, S.L., 2ª edición, junio de 2006, página 122.

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