viernes, 2 de marzo de 2012

Barbadillo del Pez:ermita de Santa María de las Nieves



'La historia antigua del hombre se está significativamente redescubriendo hoy día en las imágenes simbólicas y mitos que han sobrevivido al hombre antiguo. Cuando los arqueólogos excavan el pasado, no son los sucesos del tiempo histórico los que aprendemos a atesorar sino estatuas, dibujos, templos y lenguas que nos hablan de antiguas creencias...' (1)

Podemos situar Barbadillo del Pez, aproximadamente a 3 ó 4 kilómetros tan sólo, de distancia, de Vizcaínos y a unos 70 kilómetros de Burgos capital, languideciendo plácidamente a la vera de un río que lo divide prácticamente en dos. Este río, de nombre Pedroso, fue hasta hace algunos años, un estupendo criadero de truchas. Y quizás en este exquisito y a la vez voraz ejemplar que abundaba en los ríos españoles, podamos encontrar una de las primeras claves relativas al entorno donde se localiza la curiosa ermita que nos ocupa en esta entrada, si consideramos que, trucha o truite, era una manera simbólica de referirse a los antiguos druidas.

Pero esto son sólo impresiones personales, acrecentadas, quizás, por aquéllas otras derivadas de la observación del entorno donde se ubica ésta curiosa ermita. Una ermita, que hemos de situar en solitario, sobre la cima de una colina, a las afueras del pueblo, dominando un paisaje árido y paramérico, de proporciones considerables. Y sin embargo, a juzgar por la presencia de algunos robles sobrevivientes a la vera del río, dando sombra a un pequeño y a la vez curioso puente de piedra de aspecto medieval, es fácil llegar a la conclusión de que tal vez el lugar no siempre debió de ser así. Invadidos los robles por el muérdago, resulta difícil no pensar que antaño se extendiera aquí un bosque sagrado para las tribus celtas, que se sabe ocuparon buena parte de la Península. Y quién sabe -dejándonos llevar por la más impune de las especulaciones- si en lo alto del montículo donde he comentado que se alza la modesta ermita, no hubiera, en tiempos protohistóricos, algún dolmen, con el granito de sus enhiestos sillares desafiando a los dioses del trueno.



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No cabe duda, de que la ermita ha sido restaurada en época relativamente reciente, e imagino que por motivos piadosos hacia los feligreses, se ha añadido un porche que protege la entrada, situada en su lado oeste. Impresionantes, así mismo, son las connotaciones simbólicas derivadas de los laberínticos motivos que adornan los sillares que conforman el arco de medio punto de su entrada, en cuyas junturas -y perdóneseme por la duda- se advierten los colores grisáceos del cemento moderno. Dudas razonables son, así mismo, aquellas derivadas de observar en algunas fábricas tanto de la provincia, como de otras provincias -en Sotosalbos, provincia de Segovia, tuve la ocasión de observar materiales de construcción embalados con la marca Románico- una tendencia a reproducir en la piedra motivos artísticos medievales. Una idea extraordinaria para alimentar el gusto por lo clásico y paliar, al menos un poco, los expolios gratuítos de nuestro Patrimonio artístico y cultural, que embellecen chalets y casas particulares por doquier.


Poco más, en realidad, se puede decir que tan curioso elemento de culto, dada la imposibilidad de entrar en su interior, salvo el de reseñar lo sencillo de su estructura de planta rectangular y ábside cuadrado, carente por completo de cualquier tipo de adorno -a excepción de los laberintos circulares ya mencionados- incluidos canecillos.


Y no obstante, el lugar constituye, en sí mismo, un pequeño enigma histórico, que bien pudiera señalar un antiguo centro cultual pagano, convenientemente cristianizado.



(1) C. G. Jung: 'El hombre y sus símbolos', Aguilar S.A. de Ediciones, 2ª edición, 1974, página 106.



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