lunes, 9 de enero de 2012

El Mito del Grial en San Vicente de Serrapio

'Gusté la miel de lo ilimitado en la Copa del Loto Eterno. Crucé el túnel de los padecimientos y hallé el recóndito camino de la dicha. Y vi unos rayos de luz cruzar el desierto mudo de la noche...'.

[Rabindranth Tagore (1)]



El Grial: un mito universal que permanece vigente a lo largo de los siglos y cuya fascinación continúa siendo tan generalizada, como generalizada resulta la ignorancia relativa a su origen y, desde luego, a su verdadera constitución. ¿Qué es el Grial?. Nadie lo sabe exactamente, pero todos lo buscan con afán. Dado que tan apasionante mito se localiza tanto en Occidente como en Oriente, no ha de resultarnos extraño que una de las creencias más generalizadas, sea aquélla que lo define como un recipiente; como una copa, para ser exactos. El gran poeta Rabindranath Tagore, alude en sus versos al Grial de Buda, en esencia comparable con la versión cristiana más aceptada, consistente en la copa -identificada también con la copa utilizada por Jesús en la Última Cena- con la que posteriormente José de Arimatea recogió la sangre que brotó del costado de Cristo después de ser herido por la lanza del centurión romano Longinos. Es importante este detalle, por cuanto que, como iremos viendo, la versión griálica que se observa en las pinturas del ábside de la iglesia de San Vicente de Serrapio, aunque contienen estos elementos, difieren, curiosamente, en los detalles. Y esta divergencia, en cierto modo inaudita, puede dar cabida a la inclusión en el tema de elementos comparativos de origen pagano bien definidos -incluídos en las propias historias del Grial, aún en sus versiones cristianizadas-, cuyos mejores y tal vez no casuales antecedentes, podemos encontrarlos en la rica mitología de origen celta.

Ahora bien, si tuviéramos que aceptar la veracidad de ésta versión, observaríamos que España es una tierra afortunada, en cuanto a copas-griales se refiere. Bajo ésta perspectiva, todos dan por verdadero el Santo Cáliz que, según la tradición, habiendo sido salvado por San Lorenzo en el siglo IV, cuando los bárbaros de Alarico saquearon Roma, recaló durante siglos en el monasterio oscense de San Juan de la Peña, siendo depositado finalmente, tras permanecer algún tiempo en otros lugares -como el palacio zaragozano de la Aljafería- en la catedral de Valencia, donde se custodia en la actualidad. Otro Grial con fama de original -curiosamente, junto a otra no menos famosa Sábana Santa- se guarda en la catedral de Oviedo, junto con las Santas Reliquias traídas de Jerusalén por Santo Toribio de Liébana, y que durante algún tiempo estuvieron escondidas en el Monsacro. Y aún habría que hablar, cuando menos, de un tercer Cáliz, que les fue entregado a los marinos genoveses como recompensa por su ayuda en la conquista de la ciudad de Almería. Eso, dejando aparte las numerosas pilas bautismales de origen románico, en forma de copa, que se localizan en numerosos templos y cuyo balance y enumeración, sería una labor ardua y bastante complicada.

En su forma de Cáliz, y no como marcas de cantería pero sí como graffitis de peregrino, hallaremos algunas referencias griálicas en los ábsides y sillares de algunas iglesias románicas, como la de Perorrubio o la de Duratón, ambas situadas en la provincia de Segovia, a escasa distancia una de otra. Comento esto, en cierto modo como anécdota, y teniendo siempre presente que en la iglesia de San Vicente de Serrapio -como ya aventuré en la entrada anterior- muchas son las claves que, por desgracia, se han perdido irremisiblemente. Entre ellas, la mayor parte de las marcas de cantería y posiblemente, también los circunstanciales graffitis de peregrino -interesantes, cuando no reveladores en algunos casos, pues en ocasiones, en estas marcas también se constata intencionalidad de ocultar o de destruir incluso significados, siendo una de las acciones más comunes, la alteración de la mistérica pata de oca-, pues no olvidemos que por el concejo de Aller pasaba una de las calzadas romanas más importantes que era, sin duda, utilizada por numerosos peregrinos en su aventurado camino hacia Compostela.
Como reconoce Don José Antonio González Blanco, que fue párroco de San Vicente -en la actualidad, retirado- y autor de una pequeña joya literaria referida a dicha parroquia (2), distintas restauraciones hicieron desaparecer algunas de las cuatro puertas de acceso, se unificaron las tres naves, ocultaron pinturas románicas en la capilla mayor y se destruyó el cercado, amurallado y empalizada exterior, entre otras cosas. Cabe destacar que entre lo perdido, y aparte de las marcas originales de cantería que podrían haber ofrecido alguna pista sobre el origen y procedencia de los constructores del templo, hemos de considerar la pérdida irreparable de los motivos pictóricos que hacían referencia a la Última Cena y que, según parece, se localizaban también en uno de los laterales de la capilla mayor. Teniendo en cuenta los curiosos detalles que relacionados con el Santo Grial se advierten en el Calvario que ocupa el lado central derecho de dicha capilla, sobre los que nos centraremos a continuación, no puedo por menos de preguntarme qué claves no ocultarían éstas, probablemente complementarias de las otras y por qué motivo se dejaron perder.

Por otra parte, se ignora quién, cuándo y por qué de una manera tan poco profesional y descuidada, repintó las pinturas originales, románicas, aunque respetando, en cierto modo, la temática de las mismas. Sí se sabe, no obstante, que éstas fueron descubiertas por el párroco en el primer tercio del siglo XX. Luego, en conclusión, se puede afirmar que tales repintes fueron realizados en tiempos modernos.


Obviando los detalles que supondrían la presencia en el lugar de esos Templeisen de Wolfram von Eschenbach o custodios del Santo Cáliz, que se supone que fueron los caballeros templarios (3), las escenas contenidas en esta particular visión del Calvario, varían el protagonismo de ciertos personajes relevantes. Por ejemplo, los dos ángeles ctónicos, que generalmente se suelen representar en labores de ayuda y descendimiento de la cruz, se sitúan aquí en el ventanal del ábside, a ambos lados de la cruz paté pintada de rojo. Cruz paté que, por añadidura, es señalada por ambos ángeles, aunque se aprecien mejor los dedos en el ángel situado a la izquierda según se mira. Un tercer ángel, realiza entonces la labor primordial que la Tradición otorga a José de Arimatea; es decir, la de recoger en el Cáliz la sangre de Jesús. Quizás por este motivo, el artista consideró innecesaria la presencia en la escena del de Arimatea, y obvió, también, al centurión Longinos. No obstante, el costado de Cristo muestra, paradójicamente, señales de violencia, aunque el precioso líquido sagrado -líquido sacrificial- se derrama en la copa sostenida por este tercer ángel, a través de la herida producida por el clavo en la palma de su mano derecha. Curiosamente, la mano del ángel que sostiene la copa o grial, sostiene también una paloma blanca. ¿Qué clave se oculta en éste detalle?. Porque si bien la paloma ha sido asociada en el Cristianismo con el Espíritu Santo, pudiera ser interesante recordar -aparte de sus connotaciones cátaras- que también constituía, en el Antiguo Egipto, un ave asociada con Isis; y no olvidemos la etimología subyacente en Serrapio y la relación Serapis/Osiris, otro dios que muere y resucita; y tengamos presente, además, que justamente debajo del ángel, de la copa y de la paloma, se localiza la figura de la Virgen María, no pocas veces asociada con la Gran Diosa Madre. Y otro detalle de interrelación: la otra mano del ángel, está posada sobre la corona de ésta.


Otro de los detalles curiosos que merecen ser constatados, independientemente o no de que pueda deberse a la casualidad, se localiza en el número de gotas que caen en la copa sujeta por el ángel: tres. Esto me recuerda el mito celta del caldero de Keridwen y la mixtura realizada a base de ciertas plantas, a las que denominó, significativamente, con el nombre de Greal, tres de cuyas gotas eran más que suficientes para tomar consciencia del verdadero estado del ser y alcanzar el más alto conocimiento. Una dosis mayor, significaba la muerte.


Como muerte y disolución significó, para los custodios del Grial, es decir, para los templarios, la búsqueda insaciable y heterodoxa del Conocimiento. Pero esto, por supuesto, es sólo una parte del auténtico iceberg simbólico que constituye éste templo de San Vicente de Serrapio, del que no cabe descartar que algún día y de alguna manera, fuera otro posible Monsalvat en tierra astur.





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(1) Fiel a mi costumbre de citar las fuentes en la medida de lo posible, deseo especificar que ésta cita, la he sacado del artículo de Carmelo H. Ríos, titulado 'El Santo Grial', aparecido en el número 25 de la revista Más Allá, correspondiente al mes de marzo de 1991.

(2) José Antonio González Blanco: 'Seguimiento de la restauración de la Iglesia de San Vicente de Serrapio', Gráficas Lux, año 2003.

(3) Por ejemplo, el diseño romboidal con los colores blanco, negro y rojo (colores netamente alquímicos), así como la cruz paté, bien visible por encima del ventanal y pintada en color rojo, para que no quepa ninguna duda. Similares, en parte, a los detalles que se pueden apreciar en otros lugares donde la presencia del Temple no supone ninguna duda, como sería el caso del pueblecito soriano de Castillejo de Robledo y el ábside de su iglesia de la Asunción.