viernes, 25 de noviembre de 2011

Románico Asturiano: San Juan de Priorio

Dentro del ámbito de influencia de Oviedo, y a escasos 8 kilómetros de la capital, se localizan dos interesantes exponentes del arte románico asturiano: la iglesia de San Esteban, en Sograndio, y la iglesia de San Juan Bautista, en Priorio. De mi visita a Priorio recuerdo, anecdóticamente, una carreterilla comarcal tan estrecha, que resulta imposible para el tráfico de vehículos en ambos sentidos. De hecho, finalizada mi visita al templo de San Juan Bautista, sufrí las consecuencias de un inesperado atasco, cuando un camión bloqueó por completo la carretera, siendo ésta el único medio para acceder a la general, detalle que se muestra en la última fotografía del segundo vídeo.

Con numerosos elementos añadidos en época moderna -por ejemplo, una curiosa capilla de forma hexagonal en su fachada norte- ésta iglesia de San Juan tiene, como particularidad digna de mención, el único tímpano labrado que se conserva en todo el Principado. Tímpano que, dicho sea aprovechando la ocasión, constituye uno más de los curiosos y a la vez atractivos elementos que conforman su protegida portada, de los que hablaremos más adelante.




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Imaginemos ahora, que nuestra visita comienza por la zona absidal, muy modificada, como el resto del templo, pero donde observaremos algunos detalles, que nos llamarán inmediatamente la atención. Uno de ellos podría ser, sin ir más lejos, ese murete de contención, en la parte central, que nos priva de la visión -hemos de suponer que por eliminación, en época moderna- del típico ventanal con capiteles que debió de tener en sus orígenes. Hay dos ventanas a los lados, de forma rectangular, que parecen haber sido cortadas a pico, también en época reciente, y que, por añadidura, le restan ese atractivo genuino y calculado que, unido a la central, permitía la entrada de la luz solar y por consiguiente la iluminación natural del altar. Tanto el ábside, como las capillas añadidas a ambos lados -y aquí entramos en tema- están provistas de series de canecillos, que conforman un peculiar código simbólico. Y utilizo el término código porque, tras un atento vistazo, no tardaremos en darnos cuenta de la repetitividad de una serie de elementos, de variado y a la vez rico simbolismo. Cabe mencionar, entre estos, los siguientes: el mono, que obscenamente se sujeta el miembro viril con su mano izquierda; las dos serpientes reptantes; el águila, con las alas extendidas y una presa -el deterioro no permite precisar de qué tipo- entre sus garras; y por supuesto, el hombre, en actitud obscena también, similar a la del mono, cuyas características recuerdan la escuela de Cervatos, en la vecina Cantabria. Puede que el gremio o la escuela de cantería no fueran la misma, pero sí parte del mensaje que, como los famosos músico y bailarina del denominado Maestro de Agüero y de San Juan de la Peña, se han localizado lejos de su, a priori, ámbito de influencia, como se demuestra en sendos canecillos que se pueden observar en la iglesia situada a las afueras de Rienda, Guadalajara.
[continúa]



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