jueves, 17 de noviembre de 2011

Camino de Santiago Asturiano: Santa María de Narzana

Se sitúa este interesante templo románico de Santa María de Narzana, a dos kilómetros escasos de Vega, la capital del concejo de Sariego. Elevado sobre un vallecillo en el que, como es habitual, las diferentes tonalidades de la vegetación cautivan con su vitalidad y belleza, se observa, producto de sus sucesivas restauraciones, el entramado que, a la manera de porche y característico en la gran mayoría de iglesias asturianas, protege el pórtico de entrada, otorgándole un peculiar aspecto. Entre estos añadidos modernos, cabe mencionar, como curiosidad a tener en cuenta, la distribución del suelo que cubre dicho porche: un medallón central sobre el que inciden numerosas ramificaciones, a modo de radios. Este mismo diseño, dicho sea como dato anecdótico, se puede observar también en la ermita de planta octogonal de Santiago, enclavada, junto con otra ermita de planta y detalles más sencillos -la de la Magdalena- en la cima del Monsacro.

Opinan algunos autores (1), que aún obviando a priori el detalle de su aparente sencillez, Santa María de Narzana fue fundación monástica, presumiblemente -esto es añadido propio- a mediados del siglo XII o principios del siglo XIII. En esas épocas debemos situar la portada abocinada, así como otros interesantes elementos decorativos incorporados en su ábside. Interesa saber, también, que algunos de estos elementos coinciden, en mayor o menor proporción, con los que se pueden contemplar en otras iglesias, situadas en concejos vecinos. Podría ser el caso, sin ir más lejos, de la iglesia de San Esteban de Aramil, que se localiza en el vecino concejo de Pola de Siero, a escasa distancia de la Autovía a Santander.



La portada, aún a pesar de que los estragos del tiempo -incendios provocados y saqueos incluidos, que no permiten adivinar en algunos casos sus elementos-, ofrece un interesante muestrario simbólico, del que se puede comenzar a hablar, comentando, por ejemplo, los capiteles. En ambos laterales, el motivo de los capiteles coincide: vegetales y grifos. Los grifos del capitel de la derecha, no obstante enfrentados, muestran un detalle que puede o no, ser relevante, pero que sin duda resulta curioso: el número de dedos en las patas y en las garras de estos fantásticos animales, varía de tres a cuatro. Interesante se ha de considerar, así mismo, por el simbolismo solar que conllevan, los motivos vegetales en forma de esvástica o martillo de Thor, de carácter levógiro por su orientación hacia la izquierda o, si se prefiere, en sentido inverso al movimiento de las agujas del reloj.





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Por encima del capitel de la izquierda, y a modo de cenefa, se observa una escena de caza que, en cierto modo, complementa otros usos y costumbres que se vislumbran en las metopas localizadas en la parte superior del pórtico, junto a la temática simbólica desarrollada por el cantero en los canecillos. Entre los motivos de las referidas metopas, podemos reseñar una escena de lucha libre, una posible Adoración, Daniel rodeado de leones, y una especie de disco solar, que muy bien pudiera estar formado por una o varias serpientes enroscadas. Por otro lado, entre las representaciones de los canecillos, no faltan aquéllas que, objetivamente hablando pueden calificarse de escenas cotidianas -diversos personajes, incluido un hombre armado con un arco- y por supuesto, los monstruos, representativos, en principio, de vicios y pecados. Común, como en muchos otros templos del Principado, en el pórtico tampoco faltan, así mismo, los motivos ondulados que, aparte de representar el mar, con su eterno movimiento transmitido en las olas, puede hacer alusión, también, al origen foráneo de los constructores.


Este motivo ondulado, lo encontramos también en el ventanal central del ábside, siendo vegetal o foliáceo el motivo decorativo de los capiteles. También aquí, en la zona absidal, se repiten las secuencias ilustrativas conformadas por metopas y canecillos, en las que, aparte de motivos florales, se repite, y en varias ocasiones, aquélla representación solar, que anteriormente mencionaba, aventurando la posibilidad de que pudiera estar formado por una o varias serpientes enroscadas. ¿Un ouroboros, quizás?.


Por último, y en referencia a los motivos que ilustran los canecillos, se puede observar que éstos, referidos a unos artilugios que bien pudieran ser armas, hondas para ser exactos, se repiten; como se repiten, además, que conllevan un mensaje -hemos de suponer que evangelizador- representado por un personaje de aspecto clerical, que muestra un libro abierto en sus manos. Hacia el centro, aproximadamente, del medio círculo formado por el ábside -en similar posición y de similares caracteristicas a aquél otro que se localiza en la iglesia de San Esteban de Aramil- dos serpientes enroscadas sobre una especie de vara o palo, conforman el caduceo de Hermes, posteriormente asumido por el dios romano Esculapio y símbolo ancestral de la medicina.


(1) Luis Díez Tejón: 'Prerrománico y románico en Asturias', Ediciones Lancia, 3ª edición, 2008, página 81.




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martes, 15 de noviembre de 2011

Camino de Santiago Asturiano: Santiago el Mayor, de Sariego

No muy lejos de donde se ubica la iglesia de San Román, y en una zona conocida como los Llanos de Carabiego, la iglesia de Santiago el Mayor apenas conserva la huella de sus milenarios orígenes prerrománicos. Sobreviven de ellos, y en cierto modo milagrosamente, tan sólo una ménsula y tres pequeñas ventanas que, de alguna manera, evocan melancólicamente la grandeza que tuvo que tener en su día, como otro gran exponente de ese maravilloso Arte Asturiano que tanto cautiva a propios y extraños. De sino idéntico al de San Román, ésta iglesia de Santiago también sufrió las consecuencias de una contienda fratricida, en el transcurso de la cual -probablemente también en sus inicios- fue saqueada e incendiada; al menos, la parte que sobrevivió a otra auténtica plaga, como fue la invasión napoleónica de la Península. Se sabe que, entre otros, los concejos de Sariego y Pola de Siero fueron fecundos en actividades guerrilleras contra el invasor francés. Así mismo, es posible que en los campos aledaños al templo, se ubicara el campo de aviación republicano.

Por otra parte, el edificio que vemos ahora, no se parece ni remotamente, desde luego, a aquél otro que, es de suponer, supuso en épocas el interés del peregrino, otorgándole no sólo un lugar de acogimiento y rezo, sino también alguna clave indeterminada en su recorrido iniciático, existiendo, así mismo, la posibilidad de que en sus inmediaciones hubiera algún hospital dirigido por alguna orden militar, entre la que no hay que descartar al Temple. De hecho, en uno de los dinteles de su interior -supongo que todavía existirá, pues no me fue posible entrar- debe de encontrarse grabada la cruz paté dentro de un círculo, que menciona el investigador barcelonés Xavier Musquera en uno de sus libros más conocidos (1).





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Como la gran mayoría de templos de su época, el templo de Santiago el Mayor constituía tamién una pequeña capilla sixtina, en base a las pinturas contenidas en el interior. Pinturas de las que aún quedan algunos restos, aunque datados por los especialistas en los siglos XV-XVI, periodo en el que se estima la mayor parte de la construcción que se puede ver. Esto no quita, sin embargo, que dichos restos se sobrepintaran sobre otros más antiguos, como es el caso, por ejemplo, de la iglesia de San Vicente de Serrapio.

De época románica, por otra parte, pueden ser los cuatro grandes capiteles que sirven como basas o puntos de apoyo al entramado de madera que, a modo de porche, se localiza en el muero sur. Destacan, particularmente, dos de ellos: uno que muestra una piña en cada una de sus cuatro esquinas -tal vez significando la unión del pueblo cristiano, extendiéndose a los cuatro puntos cardinales- y el último de ellos, prácticamente pegado al muro, que repite un motivo sobradamente conocido en muchas de las iglesias del Principado; motivo, que no es otro que el de las bestias afrontadas.

(1) Xavier Musquera, investigador afincado en Barcelona, fallecido en diciembre de 2009. El libro de referencia, se llamaba originalmente 'La espada y la cruz'. Pongo aquí la referencia de la reimpresión que tengo: 'La aventura de los templarios en España', Ediciones Nowtilus, S.L., 1ª edición, abril de 2006, página 173.



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domingo, 13 de noviembre de 2011

Camino de Santiago Asturiano: San Román de Sariego



Partiendo del Valle de Boides, donde el peregrino tiene la oportunidad de visitar una auténtica joya del Arte Asturiano, como es la iglesia de San Salvador de Valdedios -el popular Conventín- y de pernoctar en las instalaciones habilitadas a tal efecto, anexas al monasterio cisterciense de Santa María, apenas treinta y dos kilómetros le separan de Oviedo. Tiene la oportunidad de recorrerlos por una carretera comarcal que, corcobeando entre puertos y bosques de soberbia belleza, desciende hacia el concejo de Sariego, en cuyo escudo, el buscador de símbolos puede localizar una jarra de claras alusiones griálicas. En Sariego tiene, cuando menos, tres paradas de interés: la iglesia de San Román; la iglesia de Santiago el Mayor y, aproximadamente a unos dos kilómetros de Vega, la capital del concejo, la interesante iglesia de Santa María de Narzana.
La iglesia de San Román, situada a la vera del pueblecito o aldea del mismo nombre, sufrió, como muchos otros templos de la geografía astur, la devastación y el saqueo en 1936, en los comienzos de la Guerra Civil. No obstante, y a pesar de la pérdida de la gran mayoría de elementos originales que, no me cabe duda, hubieran hecho las delicias de cualquier amante del Arte en general, y de los historiadores en particular, aún conserva algunos elementos de su prerrománico y su románico originales, como la cabecera y las celosías situadas en el lado Norte, correspondiente al primer periodo, y algún canecillo así como el ventanal del ábside, correspondientes a la ampliación románica. En el lado Norte también, y esquinado, como viene siendo común en muchos templos románicos, un canecillo solitario, representando, probablemente la figura del diablo, llama la atención. Su orientación, desde luego, no es casual, pues como ocurre con los claustros románicos, el lado Norte representa a los vientos gélidos y al demonio, de similar manera a como el lado Este, el Oriente, representa a Cristo.




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En la decoración de los capiteles del ventanal del ábside, encontramos un tema que se repite, en mayor escala, en uno de los grandes capiteles de la cercana iglesia de Santiago el Mayor. Capiteles que, dicho sea de paso, sirven como base o peana de sustentación al entramado de madera que conforma el porche del lado Sur.

Cuando estuve allí, y al contrario que la iglesia de Santiago, ésta iglesia de San Román estaba abierta. Curiosamente, la vecina de la casa de enfrente, que estaba tendiendo la ropa en el jardincillo, debió de confundirme con un auténtico peregrino, y me sugirió que podía utilizar las duchas que hay en la sacristía. Lo comento como dato que quizás pueda interesar a los futuros peregrinos que pasen por allí.

El interior del templo, austero y sin apenas rastro de sus omegas originales, ofrece un aspecto pulcro y contiene algunos elementos, incluidos los de factura moderna, no exentos de cierto interés: una imagen de la Santina, la Virgen de Covadonga -cova luenga o cova d'oca, según algunas interpretaciones- situada algunos centímetros por delante del altar; en el ábside, detrás del altar y a la derecha, una hermosa talla de Virgen con Niño, entronizada, que llama la atención por la sencillez de su atuendo y que, quizás, pudiera ser gótica; a la izquierda y erguida, una no menos curiosa figura, probablemente representando a San Román, que, dicho sea de paso, ofrece el aspecto de un auténtico druida. Por cierto, en el exterior, árboles había, aunque no descubrí ningún pozo o fuente que hubiera hecho sospechar el celtismo precedente en el lugar.


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