jueves, 16 de diciembre de 2010

Villanueva de la Torre, Palencia: iglesia de Santa Marina

Situado en los límites que separan los Valles de Santullán y Mudá, éste pequeño núcleo rural palentino que es Villanueva de la Torre, ofrece otro interesante exponente artístico en su iglesia románica de Santa Marina. Siguiendo una tradición similar a numerosos templos que se localizan en la vecina comunidad de Cantabria -Cervatos o Bolmir, por poner un ejemplo- también aquí, en Santa Marina, parte de los canecillos que componen el mensaje simbólico de su ábside, revierten a la temática netamente erótica. Curiosamente, la mayoría de éstos, y sobre todo aquellos que muestran unos desorbitados atributos masculinos al descubierto, pertenecen a la categoría de guerreros; detalle que parecen confirmar las estructuras cuadradas de sus cabezas, consecuencia directa del casco que las cubre y alusión probable a uno de los aspectos cotidianos de la época medieval: el amor y la guerra.
Fechada por los especialistas a finales del siglo XII, la iglesia de Santa Marina domina el pueblo desde un altozano, destacando la forma y estructura de su torre de dos pisos, a la que se accede a través de una estrecha escalera de caracol. De no ser por la amabilidad del encargado de la llave -que no sólo pacientemente nos atendió, sino que también se saltó una de las directrices del obispado abriéndonos la iglesia un lunes- posiblemente nos hubiera pasado desapercibido un pequeño misterio: como si de una cámara secreta se tratara, desde el interior resulta imposible ver uno de los ventanales de la torre.
Aparte de la torre, y los ya mencionados canecillos eróticos, otros elementos destacables se localizan en el ventanal del ábside, lugar en el que, bajo un arco decorado con motivos diamantinos, merecen especial atención los pequeños capiteles que lo complementan. Éstos, básicamente, se componen de animales fantásticos, que representan hipogrifos -seres alados, con cuerpo de caballo y cabeza de águila- que, posiblemente siguiendo la línea de la tradición en cuanto al famoso templo de Salomón y sus demonios, podrían considerarse como guardianes del lugar.
En el interior, no exentos de calidad en su labra, se pueden observar unos capiteles que, en principio, continúan la temática más destacable de la zona -o más repetitiva, si se prefiere- basada en el conocido episodio de Daniel y los leones, así como la representación de parte de la leyenda de Alejandro Magno y los dos grifos de los que se sirvió para ver desde los cielos la basta extensión de sus conquistas. Éste último, también es un motivo que se localiza con cierta repetitividad en varios templos de la región.
El Retablo Mayor, bastante deteriorado, está coronado por un calvario, quedando la parte central para alojar una figura que representa a Santa Marina, hemos de suponer que a la Marina nacida y martirizada en Antioquía, durante la persecución llevada a cabo por el emperador Diocleciano.
En un extremo, y sumamente deteriorada también, una figura de madera policromada llama poderosamente la atención. Se trata de una representación mariana del siglo XIII que, olvidada su auténtica advocación -como suele ocurrir en la mayoría de los casos- se reconoce simplemente como Virgen con Niño.
La figura, entronizada sobre una silla con pedestal de planta octogonal, aún conserva, en el dorado de su manto, parte de los colores originales. Con la mano izquierda -posiblemente más grande de lo habitual- sujeta al Niño y en la derecha, porta una flor, seguramente un lirio. Dos de los dedos de la mano derecha del Niño, señalan hacia lo alto, mientras que en su mano, sujeta un pequeño libro cerrado.
Por último, reseñar que el añadido de la Torre, según opinan numerosos investigadores, hace referencia a un torreón del siglo XI, cuyos restos aún pueden verse a las afueras del pueblo.

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lunes, 13 de diciembre de 2010

Lomilla, Palencia: iglesia de San Esteban

Lozalizada también en los alrededores de Aguilar de Campóo, y a apenas una distancia insignificante -kilómetro y medio o dos kilómetros- de Olleros de Pisuerga y su impresionante ermita rupestre de los Santos Justo y Pastor, la iglesia parroquial de Lomilla aún conserva algunos detalles de interés pertenecientes a su original fábrica románica, bastante modificada su estructura, no obstante, a lo largo de los años transcurridos de su existencia; circunstancia ésta, que viene siendo habitual, no sólo ya en lo que respecta al románico palentino en particular, sino, por supuesto, al conjunto del románico en general.
Bajo la advocación de San Esteban -uno de los primeros mártires cristianos de los que se tiene referencia- el entorno en el que se asienta ha visto surgir y posteriormente desaparecer algunos pequeños pueblos, siendo reaprovechados en su mayoría o en parte, los elementos de sus ya irreconocibles parroquias, como también la piedra de las casas que los conformaban.
Los orígenes del templo de San Esteban se remontan al siglo XII, destacando de ésta época el ábside, cuyos canecillos aún conservan buena parte del ideario simbólico medieval, entre cuyos componentes podemos observar otro motivo -como el de Sansón desquijando al león- recurrente a numerosos templos de la región. Me refiero a esa, en teoría, personificación del pecado, representada por una mujer de cuyos pechos parecen mamar dos serpientes.
Otros motivos, más o menos afortunados, en cuanto a calidad artistica se refiere, están constituídos por animales, entre los que destacan la liebre y otra bestia, que bien podría ser un perro o un lobo -éste último caso, sería significativo- y que probablemente, en un sentido más amplio, simbolicen la naturaleza sagrada subyecente en un tema como es el de la caza.
Seguramente más interesantes y complejos que los anteriores, y símbolo ancestral, cuando no universal e indiscutible, la espiral aparece varias veces representada, lo que puede sugerir un deseo expreso del cantero de transmitir conceptos lejanos a las concepciones católicas del momento, cuando no una forma de firma personal o gremial, similar, en comparación, a aquella otra que se localiza en el interior del ábside de la colegiata cántabra de San Martín de Elines.
Recurrente, así mismo, es la temática del ave rapaz con una presa entre sus garras; e incluso aquél otro canecillo que, semejante a las capas escalonadas de los ziggurats mesopotámicos, pudiera representar otro símbolo similar en connotaciones mistéricas ancestrales a la espiral: el laberinto.
En el interior de la nave, los capiteles anexos a la zona del ábside y el altar, están lisos, seguramente modificados en alguna reforma y de cuyos originales, si los hubiere, nada sé. Destaca, en primer término, localizándose en los sillares absidiales frontales, un calvario gótico -siglo XIV-, así como la figura de uno de esos santos, misteriosos y populares que, descubriendo su muslo y señalando una terrible herida sangrante, implica no sólo una señal de reconocimiento, sinto también, de iniciación: San Roque.
Situado en uno de los retablos laterales, va ataviado con los atributos característicos del peregrino; a saber: sombrero, viera, zurrón y el báculo o cayado, típico no sólo del peregrino, sino también de la figura del Maestro. Le acompañan el niño y el perro.
Por último, señalar que se sabe de una pequeña necrópolis en los alrededores de la cabecera, estando situado, no obstante, el pequeño cementerio municipal, en la zona del ábside.


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