miércoles, 8 de diciembre de 2010

Moarves de Ojeda, Palencia: iglesia de San Juan Bautista

Existe una curiosa tradición, divulgada, entre otros investigadores, por Rafael Alarcón (1), que me recuerda, y mucho, la polémica existente entre ésta magnífica portada de la iglesia de San Juan Bautista, en Moarves de Ojeda y aquélla otra, localizada en uno de los lugares más emblemáticos del Camino de las Estrellas, como es Carrión de los Condes: la iglesia de Santiago. ¿Cuál se hizo primero?. ¿Cuál de las dos tiene mayor calidad?. ¿Cuál es el espejo de la otra?. ¿Fueron ambos templos realizados por la misma escuela, pero por maestros canteros diferentes?.
Esta misma circunstancia, la encontramos también a escasos kilómetros de Puente la Reina, un no menos emblemático lugar del referido Camino -recordemos la máxima que se localiza en una de las entradas de la ciudad, junto a la figura inmutable del Peregrino: Y desde aquí todos los caminos a Santiago se hacen uno solo- suscrita a las portadas de Santa María de Eunate y de San Miguel de Olcoz. Interviene aquí Alarcón, en la mencionada obra, al referir una curiosa tradición que, encubierta de leyenda, descubre la pugna existente entre un maestro constructor templario -no olvidemos que Puente la Reina albergó una de las primeras y más importantes encomiendas del Temple asentadas en la provincia, por no decir en la Península- y un misterioso cantero foráneo, posiblemente perteneciente a una de las denominadas razas malditas, los agotes. De ahí, que el resultado sea similar, aunque, curiosamente, invertido.
En honor a la verdad, y habiendo tenido la inmensa fortuna de conocer los mencionados templos de Carrión y de Moarves -también los de Eunate y Olcoz- no puedo por menos que intentar una, espero que honrosa retirada, y lejos de tener que verme en el difícil trance de elegir entre una u otra, votar, lisa y llanamente por el Arte, así como el placer que conlleva su visión. Placer que posiblemente sea mayor, en cuanto a visión general, en la iglesia de San Juan Bautista, pues la iglesia de Santiago queda poco menos que encajonada en una estrecha calle de Carrión y la amplitud de su visión, por tanto, inefablemente reducida.
Curiosamente, también, a pesar de ser un referente del románico palentino, y por tanto, una de sus iglesias más conocida y visitada, su advocación siempre se ha visto envuelta en la polémica, no siendo pocos los investigadores que la denominan o han denominado, de San Pedro. Parece confirmada, no obstante, su advocación de San Juan Bautista, como así demuestra, sin ir más lejos, la entrada correspondiente que ha de sacarse para su visita. Entrada que, dicho sea de paso, aporta algunos pequeños datos adicionales, como la identificación de una de las varias bailarinas de sus capiteles con Salomé, así como las excepcionales alabanzas realizadas en su momento por uno de los grandes de nuestra Literatura: Miguel de Unamuno.
Localizada, aproximadamente, a 13 kilómetros de Alar del Rey, fue declarada Monumento Histórico en 1931. Entre los objetos que portan los apóstoles, distribuidos en grupos de seis a ambos lados del Axis Mundi, comparativamente hablando, conformado por el Pantocrátor resguardado en su correspondiente mandorla, los más abundantes son los libros; en menor medida que éstos, las cruces, y después los rollos de pergamino o filacterias, alusivos, con toda probabilidad, al Antiguo y al Nuevo Testamento.
Con cuidadosa determinación, el cantero, así mismo, se encargó de identificar a los apóstoles; de manera que, por ejemplo, en el libro que porta el primero por la derecha, según miramos el pórtico de frente, podemos leer con facilidad la palabra IVDE: Judas. A su lado, y también grabado en las guardas del libro que sujeta con una mano, aparece el nombre de BARNAB: Bernabé.
Ahora bien, aunque lejos de minimizar la importancia del friso y lo que representa, creo que la verdadera relevancia simbólica -o ese consejo que los muertos proponen a los vivos que, según el escritor francés René Bazin constituye la Tradición- hay que buscarla en los diferentes e interesantes motivos que conforman los capiteles del pórtico de entrada, alguno de ellos, bastante deteriorado.
Estos se distribuyen, significativamente, en número de cinco a cada lado, y aparte de los típicos motivos ornamentales basados en plantas -de algunas surgen cabecitas que podrían hacer referencia a los denominados hombres verdes, una mirada retrospectiva a la salvaje inocencia o a esa añorada Edad de Oro de la Humanidad antes del pecado original- los más significativos son aquellos que desarrollan escenas lúdicas, distribuidas entre los músicos, por un lado, y el músico y la bailarina que los investigadores tienden a identificar con Salomé, por otro. Significativa, así mismo, es la pose de posible arrogancia de ésta, aunque quizás constituya sólo una postura previa al inicio de la danza, donde merecen especial atención los motivos que adornan, de cintura para arriba, su vestido: espirales. Espirales que, de acuerdo a como están situadas -en los senos y a la altura aproximada del ombligo- conformarían un triángulo con el vértice hacia abajo.
El motivo de Sansón desquijando al león, y concretamente sentado a horcajadas sobre su lomo, como si lo estuviera cabalgando, es un motivo que, según pude apreciar, resulta común a numerosos templos palentinos, con la salvedad de que en ocasiones, se localiza en los capiteles interiores del ábside, y por tanto, cercanos al altar.


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La dualidad, esa ley inalterable que hace posible un equilibrio necesario para la existencia, se ve igualmente reflejada en un curioso, extraño capitel, que muestra dos guerreros -por no decir, dos gemelos- en cuclillas, unidos, escudos al frente y espada en mano, motivo que obedece perfectamente, en mi opinión, al ideario templario, entre otros. Aunque ahora bien, a este respecto, ni afirmo ni niego nada, pero sí quiero recalcar que autores como Juan García Atienza (2) ya comentaban la posible autoría templaria -y digo posible, porque como en tantos otros casos, la tradición así la supone- de la iglesia de Santiago, en Carrión de los Condes. Y parece evidente, que existe cierta relación entre ambos templos. Dicha relación, posiblemente se haga más patente en el interior, cuando se aprecian dos magníficos ejemplares de Vírgenes -probablemente góticas, de los siglos XIII ó XIV- denominadas de la Encina y de las Tormentas (3), denominaciones que, al menos en el primer caso, sí podrían sugerir, así mismo, dicha relación.
Como curiosidad añadida al extraordinario simbolismo que subyace en este tipo de representaciones, cabe resaltar que, en referencia a la Virgen de las Tormentas -de las dos que se muestran en el vídeo, es la más grande- una de las páginas que el Niño mantiene abierto, aparte de algunas letras, muestra también cinco pequeños círculos que, en base a su ordenación, bien pudieran sugerir -sería una hipótesis a tener en cuenta- las estrellas o parte de las estrellas de una constelación: ¿quizá la constelación de Virgo, tal y como algunos autores, como Louis Charpentier, consideraban que estaban basadas la distribución de las principales catedrales francesas?.
También la pila bautismal resulta interesante, mostrando doce personajes -posiblemente una segunda referencia a los apóstoles- que permanecen, individualmente, debajo de su correspondiente arco. Arcos en los que, por otra parte, no falta ningún detalle, y donde incluso se incluyen los correspondientes capiteles.
En fin, multitud de detalles, curiosidades y enigmas para un templo que, independientemente de semejanzas, comparaciones y posibles atribuciones, ha sido y continúa siendo, todo un referente del arte románico de la región.
(1) Rafael Alarcón Herrera: 'A la sombra de los templarios', Ediciones Martínez Roca, S.A., 3ª edición, octubre de 2004.
(2) Juan García Atienza: 'Segunda Guía de la España Mágica', Ediciones Martínez Roca, S.A., 1982, página 151.
(3) Creo interesante reseñar que ésta advocación es conocida en otros lugares, como Asturias y León, con el nombre de Virgen de los Nublos.

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