miércoles, 3 de febrero de 2010

El claustro románico de la Concatedral de San Pedro

'El simbolismo románico no iba destinado a los profanos, sino a los iniciados, que eran sus artífices y sus beneficiarios. Lo que vieran los demás, meras formas piadosas o enrevesadas fantasmagorías caprichosas o incluso, a veces, peligrosamente inclinadas al pecado o a la herejía -recuérdese el erotismo flagrante de muchas figuras del románico de Cantabria-, no tenían por qué explicarlo ni justificarlo ante nadie, porque formaba parte de su secreto, del secreto celosamente guardado por aquella selectisima casta de monjes que ya no buscaba la trascendencia, porque estaban convencidos de estar inmersos en ella'.
[Juan García Atienza: 'Monjes y monasterios españoles en la Edad Media', Ediciones Temas de Hoy, S.A., 1994]

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lunes, 1 de febrero de 2010

Omeñaca: iglesia de Nª Sª de la Concepción

Tierra de leyendas y de misterios, situada allá por los infinitos Campos de Gómara, al sur de la enigmática Sierra del Almuerzo, y al pie de la llamada Sierra de Pica. De raíces endurecidas en las inclementes soledades de unos campos aprovechados para el cultivo del cereal, predominantemente, Omeñaca aún conserva recuerdos de aquéllos indómitos hijos de Tutatis y Cernnunos, la cabeza de uno de cuyos dioses aún puede observarse en la fuente de agua no potable del pueblo, situada muy cerca del altozano sobre el que se asienta -liberada al cabo de los años del tapiz de piedra que bloqueaba su espléndida galería porticada- la iglesia románica de Nuestra Señora de la Concepción, asociada a la conocida leyenda de los Siete Infantes de Lara.
Tierras que aún conservan en el polvo de los caminos las huellas de las botas de los legionarios romanos que un día las sometieron, y también la magia oriental de aquéllos otros invasores procedentes del norte de África, que terminaron de un plumazo con el imperio visigodo...
Según algunos autores, Omeñaca y su iglesia quedaban dentro del denominado Camino de Santiago de Soria -no olvidemos, que en las cercanías se encuentra el Santuario de la Virgen de la Llana, donde los peregrinos tenían por costumbre recoger como reliquia una astilla del arcón del milagro (1)- al que también se denominaba Camino Castellano Aragonés.

(1): referencia a la conocida leyenda de el Cautivo de Peroniel.

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