sábado, 5 de septiembre de 2009

San Pantaleón de Losa


Ubicada en la denominada Peña Colorada, un peñón rocoso con forma de quilla de barco, la iglesia de San Pantaleón constituye, sin duda, uno de los singulares atractivos del denominado Valle de Losa. Hablar de San Pantaleón, conlleva la ineludible tentación de referirse a un lugar con más que evidentes connotaciones mistéricas; un puntal de genuino atractivo, parada obligada para todo peregrino que, en su maravillosa aventura jacobea, quisiera ser testigo de un fenómeno evidentemente mistérico y cuando menos, singular: el fenómeno de la licuefacción de la sangre del santo.
Tradicionalmente, y cada 27 de julio -día de la festividad de San Pantaleón- miles de peregrinos se daban cita a las puertas del templo, para presenciar el milagro de la licuefacción de su sangre. Milagro que, dicho sea de paso, continúa perpetuándose cada año, puntual a su cita, aunque no comprendo -ni creo que llegue a comprender nunca- por qué el frasco que contiene tan preciada reliquia, fue apartado de su emplazamiento original en este punto del Camino de las Estrellas, y trasladado a Madrid, al Real Monasterio de la Encarnación, situado junto a la Plaza de Oriente, donde hay constancia de su presencia, al menos desde el año 1616.
Y no obstante, al contrario de lo que se pueda pensar a priori, el fenómeno de la licuefacción de la sangre de San Pantaleón no es único, sino que sucede, también, en Italia, referido a la sangre de otro mártir, San Genaro, obispo de Benevento que, curiosamente -he aquí un posible y desconcertante caso de vidas paralelas, sin ánimo de plagiar a Plutarco- fue martirizado y decapitado escasos días después que San Pantaleón: el 19 de septiembre del año 305 después de Cristo.
Aún así, y contra lo que pudiera parecer a priori, la iglesia de San Pantaleón de Losa y su peculiar emplazamiento, no han perdido ni un ápice de su genuino, milenario misterio, manteniendo poco menos que intacto ese carácter mediático e iniciático que la convierten, bajo mi punto de vista, en un auténtico centro mágico, en un complejo Enclave de Poder, cuyas influencias se perciben a medida que uno se va acercando, dejando atrás la prolongada pendiente que, cual un pequeño Gólgota, conduce hasta la cima donde se halla ubicada.
En efecto; las señales de habitamiento humano en el lugar de la Peña Colorada en el que se asienta la iglesia de San Pantaleón se remontan, cuando menos, a la Edad del Hierro, de cuya época se tiene constancia de la existencia de un castro de origen celta -hecho bastante significativo, como veremos más adelante- del que apenas quedan rastros identificables. Sí los hay, aunque prácticamente se confunden con el terreno, de una construcción posterior; una fortaleza o castillo, cuyas huellas más evidentes las constituyen, quizás, los restos del aljibe o depósito de agua, situados a unos metros escasos del ábside de la iglesia. Junto a éste, y ocultando buena parte de su lateral derecho, hay una construcción también posterior, cuyos elementos más destacables, son las dos ventanas ojivales, que denotan un origen netamente gótico. Y con el fenómeno del gótico, nos encontramos con un arte que rompió moldes en la época; un arte del que, al decir de numerosos investigadores -y que conste que lo constato aquí simplemente como una curiosidad- fue introducido en la Península Ibérica por los templarios.
Pero, sin duda, los elementos que más llaman la atención, aparte del misterioso atlante que actúa como centinela en el lado izquierdo del pórtico de entrada, sean las connotaciones simbólicas que conforman los detalles de las figuras de sus capiteles. Connotaciones que no pasan desapercibidas y que, comenzando a enumerarse desde el mismo pórtico de entrada, serían las siguientes:
- El primer capitel de la izquierda, aquél que representaría a varias personas en el interior de un caldero y que, junto con la figura del enigmático atlante, formarían dos de los elementos que más polémica y polvareda ha levantado entre historiadores e investigadores. En efecto, lo que para los primeros sería una referencia al martirio de San Pantaleón y otros mártires contemporáneos de éste, los segundos -entre ellos un auténtico especialista de la España mistérica, como es Juan García Atienza (1)- verían en él una reminiscencia del mito celta referido al Caldero de Dagda, también conocido como el Caldero de la Resurrección. Y para complicar aún más la cuestión, y dado que en ésta zona de las Merindades burgalesas se dan numerosas referencias al Grial, no estaría de más reseñar aquélla corriente de pensamiento que relaciona a éste con la línea sanguínea de Cristo y su posible descendencia; circunstancia que, unida al tema de la sangre, llevaría añadida conceptos implícitos como perpetuación, inmortalidad, renovación, etc. He aquí, pues, y bajo mi punto de vista, una interesante concomitancia simbólica.


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- (1): Juan García Atienza: 'La rebelión del Grial', Ediciones Martínez Roca, S.A., 1985.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Taranco y el nacimiento de Castilla


'Caminante: En este solar, quince días contados del mes de septiembre del año 800, del nacimiento de Xto., al dictado del abad Vitulo, el notario Lope escribió por primera vez el nombre de CASTILLA.
Así quedó certificado para la Historia el nacimiento del pueblo que desde este valle alcanzó todos los confines de la Tierra con su idioma y con su concepto del hombre y de la vida.
Bien merece este solar tu reflexión respetuosa.
Amigos del Monasterio de Taranco'
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miércoles, 2 de septiembre de 2009

Bercedo: iglesia de San Miguel

Bercedo, pueblecito perteneciente a la Merindad de Montija, oculta, en un primer vistazo, la gran importancia histórica que tuvo en el pasado, aunque conserva, como muy digno testimonio, una auténtica joya del románico jacobeo burgalés, en su iglesia de San Miguel.
Siendo el puerto de El Cabrío la entrada natural al Valle de Mena -situado en una vaguada, flanqueada al sur por los Montes de la Peña, y al norte por los Montes de Ordunte- es Bercedo, precisamente, el primer pueblo que aparece. Es de preveer, que por ese motivo, en aquél históric pasado al que hacía referencia constituyera una necesaria encrucijada de caminos, en laque confluían dos impotantes vías romanas de comunicación: aquellas que, desde Briviesca y Herrera de Pisuerga, se dirigían hacia el puerto cántabro de Castro Urdiales. Resulta más que probable que, debido a ello, fuera, durante la Edad Media, lugar de paso en el Camino jacobeo (1).
(1): 'Rutas para descubrir las Merindades de Burgos', Mariano Cano Gordo, Ámbito Ediciones, S.A., 1ª Edición, marzo 2004


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El fascinante mundo de la interpretación

Hay quien piensa, que el románico es un estilo artistico insípido, aburrido, típico de hombres laicos, cabizbajos y tristes, que se pasaban la vida temiendo la ira de Dios y la llegada del fin del mundo. Y nada más lejos de la realidad. El románico es un mundo fascinante, con una variada y rica simbología, en la que el artista plasmaba no una, sino varias realidades, en muchos casos simultáneas y aún se permitía el lujo de jugar con el erotismo y bromear.

Como digo, si el estudio de dicha simbología no deja de ser una experiencia sumamente interesante, ésta sin duda, se convierte en amena, incluso divertida, cuando un grupo de amigos, amantes del románico, por más señas, se reúnen en una iglesia determinada con la intención de intercambiar opiniones y tratar de descifrar sus enigmas.

Y por si acaso alguien pone en duda lo divertido que puede llegar a ser a veces intentar descifrar estos enigmas románicos a los que me refiero, les invito a presenciar el siguiente vídeo. Eso sí, se hace imprescindible tener un poco de paciencia y llegar hasta el final.

Por cierto, Manuel, Santa Juliana va a dejar un momento al demonio y te va a tirar a ti de los pelos, como sigas confundiéndola con Santa Quiteria. El que avisa no es traidor.

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